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Danza del Cambio, una alternativa en salud mental

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Danza del Cambio
Una alternativa en Salud Mental

La Danza del Cambio es un sistema de autodesarrollo basado en la biodanza y en la terapia familiar sistémica centrada en soluciones.
Se utilizan los sentimientos provocados por la música y el movimiento para profundizar en la conciencia de un@ mism@. Su objetivo es promover la integración de la persona con sus emociones y expresarlas así como establecer y profundizar lazos afectivos entre las personas, poder expresar sentimientos acogedores y generar apegos diferentes más funcionales y exitosos.

Combina elementos del yoga, de la danza, del teatro, de la risoterapia con tareas conductuales que proponen modos de actuación diferentes ante situaciones cotidianas y que permiten a las personas “ensayar” y poner a prueba pequeños cambios que se constituyen finalmente como cambios de segundo orden o estructurales.
Desde el enfoque de trabajo sistémico se conoce que gran parte de las patologías clásicas tienen un componente importante en su génesis y mantenimiento en lo familiar, en el seno del grupo en el que uno se desarrolla. La danza del cambio es una combinación de herramientas de trabajo personal y grupal que permiten un modo de desarrollo sinigual, en el que no se precisa una terapia verbal a un colectivo al que habitualmente le cuesta abandonar su comunicación “esquizofrenógena” y que por tanto hace más difícil su tratamiento desde un punto de vista clásico.
Las sesiones, de dos horas de duración cada una se estructuran de la siguiente manera:
– Ronda grupal de expresión de sentimientos que se traen a la sesión.
– Ejercicios de toma de contacto y presencia.
– Distensión
– Consciencia
– Ejercicios en parejas
– Euforización
– Cierre con ronda de expresión de lo vivido en la sesión y tareas para casa.
Los beneficios se constatan en el primer mes de intervención. Se aconseja realizar de manera semanal, dando tiempo entre sesión y sesión a asimilar lo trabajado.

Si te interesa ponte en contacto con nosotras en el teléfono 635 27 96 28

Empieza a cambia tu vida, cambia tu movimiento.

Ángeles Romano Díazlogo-MENTHA

¿CÓMO PREVENIR EL ABUSO SEXUAL INFANTIL?

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Algunos parámetros hablan de que 1 de cada 5 menores sufre abusos sexuales en nuestro país. Entre un 15 y un 20% de la población. Eso teniendo en cuenta que los datos estatales son inexactos debido al gran tabú que supone el tema y a que su detección es compleja.

Ai quieres prevenir que tu hijo o hija sea víctima de abuso sexual infantil lo primero que has de saber es que el abuso existe y que los abusadores están integrados en la sociedad, no son tipos raros y solitarios que lleven una etiqueta explicativa de su condición. Son padres, son abuelos, son tíos, son profesores, son primos, son entrenadores…  recuerda que el abuso sexual infantil y exige y barájalo simple como una posibilidad más en caso de notar cambios en la actitud y comportamiento de tu hijo o hija. Si se muestran tristes, nerviosos, decaídos, problemáticos, apáticos… investiga!

Escucha a tu hijo o hija. Pregúntales, interésate por ellos y confía en lo que cuentan. Dales tiempo para explicarse. Respeta sus opiniones y tenlas en cuenta. Recuérdales que estás para ayudarles y que crees en ellos.

Habla con tu hijo o hija de su cuerpo, de su sexualidad, de lo que le gusta y lo que no. Recuérdale que su cuerpo es suyo y que tiene derecho a decir No cuando alguien intenta besarle, cogerle, hacerle cosquillas o hacerle algo que no le guste. Incluso si esa persona eres tú. Reconoce la sexualidad de tu hijo o hija, no montes dramas, normaliza y escucha y atiende sus necesidades. Los encuentros con las otras personas pueden ser muy placenteros si hay acuerdo y las dos personas quieren encontrarse.

No obligues a tu hijo o hija a dar besos y recuérdale siempre: tus besos son tuyos y se los das a quién tu quieras.

Fomenta la autoestima de tu hijo/a. Hazle saber en todo momento que es lo más valioso de tu vida y que es una persona única y especial. Las personas más seguras son menos vulnerables.

Habla con tu hijo o hija del abuso sexual, cuéntales qué es y explícales que a algunos niños les pasa, así si les sucede algo similar sabrán que no es algo normal y podrán contártelo.

Trabaja con ellos la idea de que algunos secretos hacen daño. Es diferente guardar el secreto de que has comprado un regalo a tu papá que el de que el abuelo te lleva al cobertizo y te obliga a hacer cosas que no te gustan. Esos secretos deben salir a la luz, hay que contarlos.

No les culpes ni cuestiones cuando denuncien. Este tipo de víctimas se encuentra siempre con una victimización secundaria, cuando desvela el secreto, en el que se convierten en el punto de mira y por el que se convierten en las personas juzgadas y cuestionadas. No lo permitas.

Y sobre todo, si quieres prevenir el abuso sexual infantil, no dejes a tus hijos desprotegidos, no los pases de casa en casa como si fueran un juguete, protégeles y estate atenta/o cuando te digan que no quieren ir a casa de tal o cual persona o no quieren quedarse a solas con ella, no les obligues. Recuerda que a los pederastas se les encuentra cuando se equivocan de niño, dan con uno con una buena relación de apego que lo cuenta y lo denuncia.

Si tienes dudas pide ayuda. Y si no encuentras la ayuda que buscas pide otra opinión.

Está en mano de todas y todos.

Está en tu mano.

Están en tus manos.

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Ángeles Romano Díaz

 

 

Mi hij@ no quiere ir a clase

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Cada vez son más las personas que acuden a consulta preocupadas por este tema.

Si este es tu caso y tu hijo o hija no quiere ir al colegio o al instituto es importante que antes de dar la típica charla de “padre” y recordarle su obligación de asistir hables con el.

Como padres debemos estar alerta a cualquier cambio de comportamiento  en nuestros hijos y es útil preguntarnos y cuestionarnos que está pasando alrededor del niño.

Los más pequeños son los portadores de la antorcha, los que manifiestan muchas veces los síntomas para indicarnos qué cosas no están funcionando adecuadamente en sus estructuras familiares, escolares, en sus grupos de amigos.  Eso no significa que el problema sea suyo.  Ellos son como la fiebre a la gripe, un indicador, un síntoma. No la enfermedad. No el problema. El problema hemos de buscarlo en los contextos por los que se mueve el pequeño.

Ante las dificultades o cambios de comportamiento en el niño lo primero me preguntaría: ¿Cómo estoy haciendo las cosas yo como padre? ¿estoy prestando atención? ¿qué está necesitando mi hijo de mi en estos momentos? ¿Se lo estoy dando?  Seguiría con preguntas similares con respecto a su entorno escolar y su círculo de amistades, y trataría de obtener la mayor información posible acerca de cómo está viviendo su mundo mi hijo en estos momentos.

Si queremos ayudar a los más pequeños otra casa que hemos de saber y manejar es que su emociones son legítimas. Igual de legítimas que las de un adulto. No sirve de nada que le hagamos toda la batería de preguntas anteriores y luego le digamos que no tiene razón o que no debería sentirse como se siente.

Con la distancia que nos dan los años a nosotros nos parece una tontería que nuestra hija sufra porque le digan jirafa, que nuestro hijo se angustie porque le salga un grano, o que le den importancia a los comentarios de un amigo. Lo cierto es que para ayudar a nuestro hijo o hija sólo podremos hacerlo si de verdad empatizamos con el. No de palabra. De corazón. “Hija, te entiendo, veo que lo estás pasando mal, no me extraña que te sientas enfadada, imagino el miedo que debes de sentir, yo estaría rabiosa si estuviese en tu lugar, entiendo que no quieras ir a clase” son algunas de las frases que podemos utilizar para manifestar comprensión.

En este primer momento no se trata de dar recetas o de solucionarles nada, sino tan solo de que sepan que entendemos lo que les sucede.

La pregunta que sigue es ¿de qué manera puedo ayudarte? Puede ser que la respuesta que nos den no la recojamos como una solución porque, recordemos, estamos hablando con un niño que habitualmente va a tener menos herramientas de afrontamiento antes situaciones adversas que un adulto. Puede que su respuesta sea: “No quiero volver al colegio”. De nuevo muestra entendimiento. No le contestes “Eso no puede ser. No Digas tonterías.” Y sigue preguntando. “¿Cómo es eso? ¿Es la única solución que se te ocurre? ¿Podríamos hacer algo juntas?”  Muchas veces lo más importante para tu hijo es tener claro que vas a estar ahí, pase lo que pase. Que la apoyas, que puede contar contigo.

Tómatelo con calma y tómate en serio las emociones de tu hijo. Si la situación te supera y necesitas más herramientas pide ayuda externa. Visita el colegio para saber qué está pasando así como para que el colegio vea que tu hijo no está desprotegido, pide ayuda psicológica y si no te gusta pide otra (no siempre encontramos la psicóloga que encaje con nosotros a la primera). No te rindas. Tu hijo es tu mejor cosecha. Cuídala como se merece.

Y recuerda: los niños no son manipuladores por naturaleza como algunos insisten. Lo niños sienten, como los adultos o más intensamente si cabe, y como los adultos tienen el derecho a sentir lo que sienten. Nosotros como padres el deber de ayudarle a manejar sus emociones, a modificar el entorno para que les sea más propicio, a ponerles los andamios necesarios para que suban a la cima de sus vidas.

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Ángeles Romano Díaz

8 cosas que puedes decirle a alguien que lo está pasando mal

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Copiamos este post de about motivación que nos ha encantado. A menudo tenemos a una persona cercana que pasa por una  situación compleja. Nuestra intención es buena, queremos brindarle nuestro apoyo, tratamos de que se sienta mejor, pero en no pocas ocasiones conseguimos justo lo contrario. Hemos encontrado este post en un conocido blog y nos ha parecido un tema estupendo para compartir con vosotras esta semana.

Que lo disfrutéis!!

8 cosas que puedes decirle a alguien que lo está pasando mal.

Si una persona a quien aprecias lo está pasando mal, lo primero que hay que tener en cuenta es que no existe ninguna “receta” universal que sirva de ayuda a todas las personas. No obstante, si conoces a esa persona, conoces también cuáles son esos pequeños gestos de amabilidad que le van a servir de consuelo y que pueden ser un punto de partida para ayudarle. Estas son, además, algunas cosas que puedes decirle para que se sienta mejor:
1. Cuenta conmigo. Haz que sepa que puede contar contigo para lo que necesite y que puede llamarte en cualquier momento. Puedes ofrecerte para hacerle un pequeño favor, ayudar en lo que sea para aliviar un poco de carga, hacer algún recado. Procura que quede claro que realmente deseas ayudar y que no lo dices solo por decir y pon algunos ejemplos de lo que podrías hacer para ayudar (por ejemplo, si tiene hijos, puedes cuidar de ellos un rato).

2. Te quiero. Si realmente amas a esa persona, este puede ser un buen momento para decírselo. Incluso si no sabes qué decir, un “te quiero” y un abrazo acompañado de un “no sé qué decir” puede servir de gran ayuda porque estás transmitiendo a esa persona lo mucho que te importa.

3. ¿Necesitas un abrazo? Esta simple pregunta, seguida de un abrazo cálido si así lo quiere la otra persona, puede ofrecerle un gran consuelo.

4. Vamos a buscar soluciones. Si el motivo de su malestar es que tiene algún problema que no sabe cómo solucionar, puedes ofrecerla alguna ayuda de tipo práctico, como pensar soluciones, buscar información, pedir consejo a alguien, trazar un plan de acción, etc.

5. Ten paciencia. Ahora no puede hacerse nada pero eso puede cambiar. Si realmente no hay nada que hacer en este momento para cambiar las cosas y lo único que puede hacerse es esperar, no viene mal que le ayudes a ver el futuro con optimismo y le animes a ser paciente y observar atentamente cómo se van desarrollando las cosas hasta que aparezca la oportunidad de actuar y entonces hacerlo sin dudar.
6. No me iré a ninguna parte. Si una persona lo está pasando mal y está deprimida, malhumorada e irritable puede temer que los demás se acaben alejando. A veces, esta persona puede necesitar distanciarse un poco de los demás y tener menos contacto social pero al mismo tiempo le preocupa que luego los demás ya no estén ahí.

Si le dejas bien claro que vas a seguir ahí y que aunque desparezca durante todo el tiempo que necesite, tú estarás ahí cuando desee volver, le quitarás un gran peso de encima. Además, no hace falta que tú también te alejes del todo; demuéstrale que dices muy en serio que seguirás ahí con algún mensaje de texto de vez en cuando o algo similar.

7. Tan solo hazlo lo mejor que puedas. A veces no podemos hacer más, no sabemos cómo o no somos capaces de hacerlo bien por el motivo que sea. Pero siempre podemos hacerlo lo mejor posible, lo mejor que podamos en función de nuestras circunstancias, nuestro estado físico y emocional, nuestros conocimientos en ese momento… “Hazlo lo mejor que puedas y que sea lo que tenga que ser”.

8. Otra cosa que puedes hacer consiste en destacar sus habilidades y sus logros del pasado. Por ejemplo, recuérdale que fue capaz de salir adelante de una etapa dura en el pasado. Si piensas que es una persona con una buena capacidad para resolver problemas, díselo. Si crees que tiene una buena capacidad para relacionarse con los demás y que eso le puede servir de ayuda en este momento, díselo. Si se ha quedado sin trabajo pero piensas que es muy competente o que se le dan muy bien las entrevistas de trabajo, díselo., etc. Es posible que esta persona se sienta abrumada por sus problemas y haya olvidado que tiene habilidades que le permitirán afrontarlo y salir adelante.

Lo que no deberías decirle

1. No niegues la existencia del problema ni recurras a una especie de solución mágica como “todo se arreglará”, “no tienes de qué preocuparte”, “podría ser peor” y frases por el estilo que niegan lo que sucede o niegan el malestar que la persona experimenta, como si no tuviera motivo para estar mal. Incluso si crees que su problema no es grave, ten en cuenta que lo es para esa persona y negarlo no le ayudará nada.

2. No le digas cosas como “al final esto te hará más fuerte”. Incluso aunque pueda ser cierto, no es la frase que necesite oír en este momento porque no es algo que haya elegido vivir voluntariamente para fortalecerse; es algo que no desea en su vida y no ha pedido, de modo que decirle algo así tendrá más probabilidades de irritarle que de consolarle.

¿CÓMO ME RELACIONO MEJOR CON LOS DEMÁS?

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¿Qué hago para relacionarme mejor con el mundo?

¿Qué puedo hacer para que mis relaciones sean más satisfactorias?

¿Te has preguntado qué hace la gente altamente eficaz para obtener mejores resultados en su vida?

Hoy nos metemos con otro pequeño cambio de paradigma, de visión o enfoque de la realidad que puede ayudarnos a salir de los remolinos en los que nos metemos.

A menudo tratamos de aplicar la lógica del sentido común para resolver nuestros problemas. Así, si salgo a la calle y tengo frío con la ropa que llevo puesta, hábilmente uso la lógica del “más de lo mismo” y me pongo más ropa, consiguiendo así solucionar el problema que me ocupaba.

Lamentablemente cuando tratamos de aplicar esta lógica a las relaciones es habitual que falle. ¿Cuántas veces hemos oído por ejemplo a una madre echando la perorata a su hijo: “mira que te he dicho veces, por activa y por pasiva, que recojas tu habitación y nada, no hay manera”. Parece claro que esta madre sigue convencida de que haciendo más de lo que ha venido haciendo hasta ahora logrará en algún momento solucionar el tema con su hijo.

Como terapeuta le lanzaría a es madre la siguiente pregunta: “¿cuánto más necesitas hacer lo mismo para darte cuenta de que hacer eso mismo no funciona?”

De hecho, os propongo un reto. Haceos esa pregunta. Este problema que me ocupa ¿cómo he intentado solucionarlo hasta ahora? ¿Qué resultados me ha dado? ¿qué plazo me doy para darme cuenta de que esta solución no lo es en realidad?

Es así como lo que en principio era una dificultad puede convertirse en un problema, en un callejón sin salida al que hemos llegado por enfocar mal la dificultad originaria. Es así como la solución que trato de poner en marcha frente a una dificultad acaba, con el tiempo, siendo el  problema mismo.

Lo ilustraré con un caso típico: Pepa se aleja de Pepe porque Pepe está muy celoso y la agobia. Ante esto Pepe, asustado, hace más de lo mismo, se pone más celoso y agobia más a Pepa, ante lo cual Pepa se aparta más aún, se vuelve más distante y genera de nuevo la misma respuesta en Pepe. De manera que para arreglar esta situación ya no tendría sentido buscar en las causas, sino en ver qué hago yo y qué hace el otro que mantiene el problema.

Sincérate contigo mism@ y empieza a hacer algo diferente si estás en una situación similar.

Si necesitas más ayuda siempre puedes contar con ayuda en tu centro de psicología y sexología en Cantabria, en Cabezón de la Sal, Mentha.

Que tengáis una semana feliz llena de éxitos!!

Ángeles Romano Díaz

Terapia familiar

Danza del cambio para niños TDAH

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Danza del cambio para niños TDAH

El diagnóstico en TDAH ha aumentado en los últimos años. Desde Mentha consideramos que esto es debido a un conjunto de factores que abarcan desde lo familiar hasta lo escolar e institucional en un sentido más amplio.

Aparte de recomendar a las familias un enfoque de trabajo sistémico, una terapia familiar que incluya a los maestros del menor, apostamos por no dejar recaer toda la responsabilidad del cambio en la terapia individual y la medicación.

En Mentha hemos creado la Danza del Cambio adaptada a niños movidos, muy movidos o con TDAH.

Esta disciplina ayuda a este tipo de pequeños y pequeñas a expresar sus emociones. a trabajar el autocontrol de una forma totalmente novedosa.

Si te interesa conocer más, ponte en contacto con nosotras.

Comenzamos grupo en octubre con horario aún por confirmar.

Os esperamos.

Ángeles Romano Díaz