Archivo de la etiqueta: autoestima

¿Eres una de esas personas que se sabotean a si mismas?

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Apoyo y asistencia psicologicaAlgunas personas se convierten, poco a poco y a menudo sin saberlo, en sus peores enemigos.

¿Quieres aprender a cambiar eso? ¿Quieres sentirte mejor?

Te voy a dar unos pasos sencillos para comenzar:

  1. Tú no eres el saboteador. ¿Qué quiero decir? Quiero que separes a la persona que da esos discursos de tí. Para ello puedes hacer un muñeco de plastilina, un dibujo o incluso una fotografía que represente al que llamaremos como “enano cabrón”
  2. Aprende a detectar los mensajes del enano cabrón: ¿qué dice? trata de escribirlo en un cuaderno como si de instrucciones se tratasen. “No lo conseguirás”. “Has fracasado” “No vales una mierda” “Te mereces que te pase esto”… son algunos ejemplos. El enano cabrón habla y habla y es importante desglosar cada mensaje.
  3. Conecta con tu ira: Sí, has oído bien. Enfádate. Enfadarse no es malo. La ira es una emoción defensiva y eso es lo que necesitas hacer en este momento. Defiéndete del enano cabrón. Puedes hacerlo en voz alta y también puedes escribirlo. Si haces ambas tendrá mucho más efecto. ¿Te imaginas que un enemigo, alguien que te cae mal te increpase de esa forma por la calle? ¿Qué le dirías? Pues eso. Métele caña al enano. Defiéndete. Rebate todo lo negativo que te diga
  4. Al final del día trata de enorgullecerte de algo que has hecho para revertir el efecto del enano cabrón. Trata de llamar al enano mágico.
  5. Convierto esto en tu reto. Hazlo durante al menos 15 días seguidos y cuéntame qué cambios notas.

¿Te atreves? ¿Ves que es más sencillo de lo que parece?

Y Recuerda, si no puedes conseguirlo sol@ llámanos.

Ángeles Romano Díazlogo-MENTHA

Contra la homofobia y otras cosas que pasan.

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Un par de noticias esta semana me han dado ganas de hablar hoy de este tema. De la necesidad acuciante de educar en el respeto a las sexualidades y a los sexos. En el respeto a las expresiones eróticas y amatorias de cada persona siempre que no atenten a los gustos y límites que ponen las demás.

Lo primero sobre lo que quiero enfocar la atención es sobre esa manía persecutoria que nos ha dado desde hace un tiempo por ponerle nombre a todo, y de paso, por qué no, dicotomizarlo. ¿Tú que eres? Hombre o mujer? Hetero o gay? Blanco o negro?

En cuanto a la orientación del deseo, que es esa en base a la que de forma generalizada se clasifica a las personas en heteros o gays, me gustaría señalar que más que algo dicotómico, un “heterosexualidad versus homosexualidad”, estamos hablando de un contínuo. Es decir, si ambos conceptos fueran del 0 al 100, pocas personas se situarían en el 0 o en el 1oo. Algunas personas pueden definirse heteros y sin embargo fantasear con tener relaciones con personas de su mismo sexo, o sentirse atraídas de forma puntual por una persona de su sexo aunque antes su orientación siempre había ido hacia el otro, o excitarse con imágenes de personas del mismo sexo practicando el coito… las posibilidades son tan numerosas que, lo más habitual es que algunas personas se acerquen a ese 0 o a ese 100, otras se alejen, otras estén por el medio y otras, a las cuales admiro y defiendo les parezcan absurdas e infames la etiquetas de este tipo.

Siempre me ha resultado curioso cómo la sociedad nos hace definirnos (especialmente si nos declaramos gays hemos de hacerlo) teniendo en cuenta lo limitantes y excluyentes que resultan, a nosotros mismos y a los demás, este tipo de etiquetas.  Acaso se nos ocurre preguntar a un cántabro si es pro-cocido montañés o pro-cocido lebaniego? Si elige uno excluye el otro? si hace un día intenso de calor en verano no puede comer ensalada por definirse cántabro y además pro- cocido montañés? No se si se me sigue. Desde la sexología sustantiva tratan de hacer frente a estas etiquetas hablando de personas que mayormente desean y se enamora de mujeres (ginerastas) o que mayormente desean y se enamoran de hombres (andrerastas), parece que de esta forma contribuimos a que la etiqueta vaya en el deseo y no tanto en la persona, aunque el caso del cocido sigue resonándome aquí.

homosexualidad

En cuanto a la identidad de género. Sucede que nacemos. Sucede que en ese mismo momento el doctor o doctora de turno nos sexa. Sucede que somos en función de lo que tenemos en las piernas. Sucede que algunos niños y niñas en torno a los dos años de edad se dan cuenta de que no están de acuerdo con el título que les pusieron al nacer. Sucede a estos niños y niñas que les sobreviene un infierno porque alguien, que no les conoce, que no tiene ni idea de cómo son, cómo sienten, cómo viven su cuerpo, les dice que están equivocados y que quiénes saben lo que son son ellos: los expertos (lo dejo en masculino a propósito aunque también haya expertas).

Sucede a otros niños y niñas que van creciendo y se siente identificados con ese título (hombre o mujer, macho o hembra) que les pusieron al nacer, sin embargo no se sienten a gusto con lo que se espera de ellos en función de ese título. Sucede que también las cosas se les pondrán cuesta arriba a estos niños y niñas. Sucede que se convertirán en muchas ocasiones en el blanco de burlas escolares y no escolares así como de todo tipo de presiones para que encajen en el cliché elegido para ellos. Sucede que hay quienes deciden ni siquiera elegir un título u otro y prefieren denominarse simplemente personas. ¿Os dais cuenta cuántas cosas suceden?

transexualidad

La sexualidad (las sexualidades) incluyen aspectos relacionados con nuestra corporalidad, con nuestra erótica, con nuestra comunicación, con nuestro físico, con nuestra vivencia personal, con nuestra familia, con nuestra identidad, con nuestros deseos, con nuestras fantasías, con nuestras hormonas… es curioso, pues lo extraño es encontrar dos sexualidades iguales. Y digo que es curioso porque desde la sociedad, la psicología, la psicopatología, desde algunas corrientes sexológicas se trata de comprimir todo. De normalizarlo, no con el ánimo de que todo sea normal sino de definir la anormalidad. Se trata de decidir lo que se puede y lo que no se puede hacer, lo que es normal y lo que es patológico, vicioso o desviado.

Pues bien, tengo una buena noticia, en este mundo globalizado que vivimos (y a veces sufrimos) se aceptan (o debería ser así) todos los menús. Sin meterme en más profundidades analizando la “homosexualidad” en diferentes culturas y animales lo que quiero es hacer una llamada de atención a cómo podemos educar para eliminar la homofobia. Y a cómo podemos educarnos, que no está mal tampoco, dicho sea de paso. La homofobia y todas las demás fobias a personas por decidir vivir sus vidas y sus cuerpos sin atentar contra nada ni contra nadie.

Si eres educador o educadora (padre o madre) o simplemente te interesa cuestionarte los roles que perpetúas (o no),  aquí te dejo unos tips:

  1. No des por sentado la orientación del deseo de las personas que te rodean.
  2. No des por sentado que sabes como es una persona por ser gay, hetero, lesbiana o trans. Hay muchos modos de ser persona y es triste que te centres solo en que a “Pepe le gusta el cocido montañés” y como a tí la berza no te va…
  3. Usa un lenguaje no sexista. Y de paso aprovecha para hablar de sexos y sexualidades en cuanto tengas ocasión.
  4. Evita los chistes ofensivos.
  5. Evita los términos peyorativos para referirte al deseo de las demás personas.
  6. Cuestiona siempre los estereotipos y las definiciones de “normalidad”.
  7. Implícate y sal en la defensa de cualquier persona que sea discriminada por su deseo o su identidad sexual. Sin violencia, haciendo hincapié en las consecuencias de esta discriminación o actitudes homófonas contra las personas, sus familias y sobre la sociedad en general.
  8. Evita las típicas preguntas “ya tienes novio?”. Sin quererlo estás de nuevo dando una definición de normalidad al niño o a la niña de turno. Si es algo que te interesa (pregunta que yo a nivel personal no veo demasiado apropiada) puedes cambiarlo por “te gusta alguien? tienes pareja?”
  9. Relaciónate con personas distintas y no pararás de viajar por otros continentes. Cuando conoces a otras personas y conoces sus vivencias y emociones es más fácil empatizar y nuestro punto de vista se enriquece enormemente.
  10. RESPETA la vida privada de las demás personas. Apaga “radio patio” y céntrate en tí y en los demás de una forma sana.

Ángeles Romano Díaz

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¿CÓMO PREVENIR EL ABUSO SEXUAL INFANTIL?

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Algunos parámetros hablan de que 1 de cada 5 menores sufre abusos sexuales en nuestro país. Entre un 15 y un 20% de la población. Eso teniendo en cuenta que los datos estatales son inexactos debido al gran tabú que supone el tema y a que su detección es compleja.

Ai quieres prevenir que tu hijo o hija sea víctima de abuso sexual infantil lo primero que has de saber es que el abuso existe y que los abusadores están integrados en la sociedad, no son tipos raros y solitarios que lleven una etiqueta explicativa de su condición. Son padres, son abuelos, son tíos, son profesores, son primos, son entrenadores…  recuerda que el abuso sexual infantil y exige y barájalo simple como una posibilidad más en caso de notar cambios en la actitud y comportamiento de tu hijo o hija. Si se muestran tristes, nerviosos, decaídos, problemáticos, apáticos… investiga!

Escucha a tu hijo o hija. Pregúntales, interésate por ellos y confía en lo que cuentan. Dales tiempo para explicarse. Respeta sus opiniones y tenlas en cuenta. Recuérdales que estás para ayudarles y que crees en ellos.

Habla con tu hijo o hija de su cuerpo, de su sexualidad, de lo que le gusta y lo que no. Recuérdale que su cuerpo es suyo y que tiene derecho a decir No cuando alguien intenta besarle, cogerle, hacerle cosquillas o hacerle algo que no le guste. Incluso si esa persona eres tú. Reconoce la sexualidad de tu hijo o hija, no montes dramas, normaliza y escucha y atiende sus necesidades. Los encuentros con las otras personas pueden ser muy placenteros si hay acuerdo y las dos personas quieren encontrarse.

No obligues a tu hijo o hija a dar besos y recuérdale siempre: tus besos son tuyos y se los das a quién tu quieras.

Fomenta la autoestima de tu hijo/a. Hazle saber en todo momento que es lo más valioso de tu vida y que es una persona única y especial. Las personas más seguras son menos vulnerables.

Habla con tu hijo o hija del abuso sexual, cuéntales qué es y explícales que a algunos niños les pasa, así si les sucede algo similar sabrán que no es algo normal y podrán contártelo.

Trabaja con ellos la idea de que algunos secretos hacen daño. Es diferente guardar el secreto de que has comprado un regalo a tu papá que el de que el abuelo te lleva al cobertizo y te obliga a hacer cosas que no te gustan. Esos secretos deben salir a la luz, hay que contarlos.

No les culpes ni cuestiones cuando denuncien. Este tipo de víctimas se encuentra siempre con una victimización secundaria, cuando desvela el secreto, en el que se convierten en el punto de mira y por el que se convierten en las personas juzgadas y cuestionadas. No lo permitas.

Y sobre todo, si quieres prevenir el abuso sexual infantil, no dejes a tus hijos desprotegidos, no los pases de casa en casa como si fueran un juguete, protégeles y estate atenta/o cuando te digan que no quieren ir a casa de tal o cual persona o no quieren quedarse a solas con ella, no les obligues. Recuerda que a los pederastas se les encuentra cuando se equivocan de niño, dan con uno con una buena relación de apego que lo cuenta y lo denuncia.

Si tienes dudas pide ayuda. Y si no encuentras la ayuda que buscas pide otra opinión.

Está en mano de todas y todos.

Está en tu mano.

Están en tus manos.

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Ángeles Romano Díaz

 

 

Mi hij@ no quiere ir a clase

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Cada vez son más las personas que acuden a consulta preocupadas por este tema.

Si este es tu caso y tu hijo o hija no quiere ir al colegio o al instituto es importante que antes de dar la típica charla de “padre” y recordarle su obligación de asistir hables con el.

Como padres debemos estar alerta a cualquier cambio de comportamiento  en nuestros hijos y es útil preguntarnos y cuestionarnos que está pasando alrededor del niño.

Los más pequeños son los portadores de la antorcha, los que manifiestan muchas veces los síntomas para indicarnos qué cosas no están funcionando adecuadamente en sus estructuras familiares, escolares, en sus grupos de amigos.  Eso no significa que el problema sea suyo.  Ellos son como la fiebre a la gripe, un indicador, un síntoma. No la enfermedad. No el problema. El problema hemos de buscarlo en los contextos por los que se mueve el pequeño.

Ante las dificultades o cambios de comportamiento en el niño lo primero me preguntaría: ¿Cómo estoy haciendo las cosas yo como padre? ¿estoy prestando atención? ¿qué está necesitando mi hijo de mi en estos momentos? ¿Se lo estoy dando?  Seguiría con preguntas similares con respecto a su entorno escolar y su círculo de amistades, y trataría de obtener la mayor información posible acerca de cómo está viviendo su mundo mi hijo en estos momentos.

Si queremos ayudar a los más pequeños otra casa que hemos de saber y manejar es que su emociones son legítimas. Igual de legítimas que las de un adulto. No sirve de nada que le hagamos toda la batería de preguntas anteriores y luego le digamos que no tiene razón o que no debería sentirse como se siente.

Con la distancia que nos dan los años a nosotros nos parece una tontería que nuestra hija sufra porque le digan jirafa, que nuestro hijo se angustie porque le salga un grano, o que le den importancia a los comentarios de un amigo. Lo cierto es que para ayudar a nuestro hijo o hija sólo podremos hacerlo si de verdad empatizamos con el. No de palabra. De corazón. “Hija, te entiendo, veo que lo estás pasando mal, no me extraña que te sientas enfadada, imagino el miedo que debes de sentir, yo estaría rabiosa si estuviese en tu lugar, entiendo que no quieras ir a clase” son algunas de las frases que podemos utilizar para manifestar comprensión.

En este primer momento no se trata de dar recetas o de solucionarles nada, sino tan solo de que sepan que entendemos lo que les sucede.

La pregunta que sigue es ¿de qué manera puedo ayudarte? Puede ser que la respuesta que nos den no la recojamos como una solución porque, recordemos, estamos hablando con un niño que habitualmente va a tener menos herramientas de afrontamiento antes situaciones adversas que un adulto. Puede que su respuesta sea: “No quiero volver al colegio”. De nuevo muestra entendimiento. No le contestes “Eso no puede ser. No Digas tonterías.” Y sigue preguntando. “¿Cómo es eso? ¿Es la única solución que se te ocurre? ¿Podríamos hacer algo juntas?”  Muchas veces lo más importante para tu hijo es tener claro que vas a estar ahí, pase lo que pase. Que la apoyas, que puede contar contigo.

Tómatelo con calma y tómate en serio las emociones de tu hijo. Si la situación te supera y necesitas más herramientas pide ayuda externa. Visita el colegio para saber qué está pasando así como para que el colegio vea que tu hijo no está desprotegido, pide ayuda psicológica y si no te gusta pide otra (no siempre encontramos la psicóloga que encaje con nosotros a la primera). No te rindas. Tu hijo es tu mejor cosecha. Cuídala como se merece.

Y recuerda: los niños no son manipuladores por naturaleza como algunos insisten. Lo niños sienten, como los adultos o más intensamente si cabe, y como los adultos tienen el derecho a sentir lo que sienten. Nosotros como padres el deber de ayudarle a manejar sus emociones, a modificar el entorno para que les sea más propicio, a ponerles los andamios necesarios para que suban a la cima de sus vidas.

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Ángeles Romano Díaz

¿CÓMO ME RELACIONO MEJOR CON LOS DEMÁS?

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¿Qué hago para relacionarme mejor con el mundo?

¿Qué puedo hacer para que mis relaciones sean más satisfactorias?

¿Te has preguntado qué hace la gente altamente eficaz para obtener mejores resultados en su vida?

Hoy nos metemos con otro pequeño cambio de paradigma, de visión o enfoque de la realidad que puede ayudarnos a salir de los remolinos en los que nos metemos.

A menudo tratamos de aplicar la lógica del sentido común para resolver nuestros problemas. Así, si salgo a la calle y tengo frío con la ropa que llevo puesta, hábilmente uso la lógica del “más de lo mismo” y me pongo más ropa, consiguiendo así solucionar el problema que me ocupaba.

Lamentablemente cuando tratamos de aplicar esta lógica a las relaciones es habitual que falle. ¿Cuántas veces hemos oído por ejemplo a una madre echando la perorata a su hijo: “mira que te he dicho veces, por activa y por pasiva, que recojas tu habitación y nada, no hay manera”. Parece claro que esta madre sigue convencida de que haciendo más de lo que ha venido haciendo hasta ahora logrará en algún momento solucionar el tema con su hijo.

Como terapeuta le lanzaría a es madre la siguiente pregunta: “¿cuánto más necesitas hacer lo mismo para darte cuenta de que hacer eso mismo no funciona?”

De hecho, os propongo un reto. Haceos esa pregunta. Este problema que me ocupa ¿cómo he intentado solucionarlo hasta ahora? ¿Qué resultados me ha dado? ¿qué plazo me doy para darme cuenta de que esta solución no lo es en realidad?

Es así como lo que en principio era una dificultad puede convertirse en un problema, en un callejón sin salida al que hemos llegado por enfocar mal la dificultad originaria. Es así como la solución que trato de poner en marcha frente a una dificultad acaba, con el tiempo, siendo el  problema mismo.

Lo ilustraré con un caso típico: Pepa se aleja de Pepe porque Pepe está muy celoso y la agobia. Ante esto Pepe, asustado, hace más de lo mismo, se pone más celoso y agobia más a Pepa, ante lo cual Pepa se aparta más aún, se vuelve más distante y genera de nuevo la misma respuesta en Pepe. De manera que para arreglar esta situación ya no tendría sentido buscar en las causas, sino en ver qué hago yo y qué hace el otro que mantiene el problema.

Sincérate contigo mism@ y empieza a hacer algo diferente si estás en una situación similar.

Si necesitas más ayuda siempre puedes contar con ayuda en tu centro de psicología y sexología en Cantabria, en Cabezón de la Sal, Mentha.

Que tengáis una semana feliz llena de éxitos!!

Ángeles Romano Díaz

Terapia familiar

¿Cómo aumentar mi autoestima?

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¿Quieres saber qué hacer para aumentar tu autoestima?

¿Sabes lo fácil que es empezar a ser la persona que siempre has querido ser?

Desde Mentha Psicología y Sexología, tu centro en Cabezón de la Sal,  queremos darte unos sencillos consejos para empezar a trabajar, toma nota

  • ¡Si quieres mejorar tu autoestima concéntrate en lo que te gusta de tí! Ya tienes una lista clara de lo que no te gusta. Deja de concentrarte en eso. Pon atención a tus puntos fuertes, tanto físicos, como de tu forma de ser, y escribe cada día uno nuevo, por pequeño que sea.
  • Camina como la persona que te gustaría ser. A veces el cuerpo es tan poderoso que facilita cambios en nuestra psique por si sólo, apenas cambiando posturas al andar. Ponte a prueba y camina “como si” (como si fueras famos@, como si fueras tímido@, como si fueras una persona muy alocada, como si fueras una persona muy segura…). Ensaya en tu casa delante del espejo y disfruta de pasar una tarde divertida con la persona más especial del mundo… ¡¡¡TÚ!!!
  • Para mejorar aún más tu autoestima sonríe y mira a la gente a los ojos. Verás que cuando sonríes empiezas también a recibir sonrisas… y miradas, ¡¡¡empiezas a existir!!!
  • Al finalizar el día piensa en todos tus logros, en las cosas que has hecho ese día, dando importancia a cada una de tus tareas por muy repetitiva y ordinaria que te resulten. Piensa en cómo de diferente haces tú cada cosa y trata de hacer algo nuevo para engrosar tu lista cada día.
  • Rodéate de aquella gente que cuando marcha te deja como si te hubieran hecho una terapia. Elimina a los que te dejan sin energía y que no son capaces de decirte lo guap@ que estás con ese vestido o lo que les gusta hablar contigo.
  • Ponte guap@. Cada día. No esperes al domingo!! un nuevo corte de pelo, un brochazo y una línea en el ojo pueden hacer milagros con cómo nos vemos y por ende con cómo nos sentimos
  • Si no puedes conseguirlo tu sol@ ven a Mentha Psicología y Sexología, tu centro de psicología y sexología en Cabezón de la Sal.

Angeles Romano Díaz

autoestima