No son cosas de niños

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Origen: No son cosas de niños

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Mi hij@ no quiere ir a clase

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Cada vez son más las personas que acuden a consulta preocupadas por este tema.

Si este es tu caso y tu hijo o hija no quiere ir al colegio o al instituto es importante que antes de dar la típica charla de “padre” y recordarle su obligación de asistir hables con el.

Como padres debemos estar alerta a cualquier cambio de comportamiento  en nuestros hijos y es útil preguntarnos y cuestionarnos que está pasando alrededor del niño.

Los más pequeños son los portadores de la antorcha, los que manifiestan muchas veces los síntomas para indicarnos qué cosas no están funcionando adecuadamente en sus estructuras familiares, escolares, en sus grupos de amigos.  Eso no significa que el problema sea suyo.  Ellos son como la fiebre a la gripe, un indicador, un síntoma. No la enfermedad. No el problema. El problema hemos de buscarlo en los contextos por los que se mueve el pequeño.

Ante las dificultades o cambios de comportamiento en el niño lo primero me preguntaría: ¿Cómo estoy haciendo las cosas yo como padre? ¿estoy prestando atención? ¿qué está necesitando mi hijo de mi en estos momentos? ¿Se lo estoy dando?  Seguiría con preguntas similares con respecto a su entorno escolar y su círculo de amistades, y trataría de obtener la mayor información posible acerca de cómo está viviendo su mundo mi hijo en estos momentos.

Si queremos ayudar a los más pequeños otra casa que hemos de saber y manejar es que su emociones son legítimas. Igual de legítimas que las de un adulto. No sirve de nada que le hagamos toda la batería de preguntas anteriores y luego le digamos que no tiene razón o que no debería sentirse como se siente.

Con la distancia que nos dan los años a nosotros nos parece una tontería que nuestra hija sufra porque le digan jirafa, que nuestro hijo se angustie porque le salga un grano, o que le den importancia a los comentarios de un amigo. Lo cierto es que para ayudar a nuestro hijo o hija sólo podremos hacerlo si de verdad empatizamos con el. No de palabra. De corazón. “Hija, te entiendo, veo que lo estás pasando mal, no me extraña que te sientas enfadada, imagino el miedo que debes de sentir, yo estaría rabiosa si estuviese en tu lugar, entiendo que no quieras ir a clase” son algunas de las frases que podemos utilizar para manifestar comprensión.

En este primer momento no se trata de dar recetas o de solucionarles nada, sino tan solo de que sepan que entendemos lo que les sucede.

La pregunta que sigue es ¿de qué manera puedo ayudarte? Puede ser que la respuesta que nos den no la recojamos como una solución porque, recordemos, estamos hablando con un niño que habitualmente va a tener menos herramientas de afrontamiento antes situaciones adversas que un adulto. Puede que su respuesta sea: “No quiero volver al colegio”. De nuevo muestra entendimiento. No le contestes “Eso no puede ser. No Digas tonterías.” Y sigue preguntando. “¿Cómo es eso? ¿Es la única solución que se te ocurre? ¿Podríamos hacer algo juntas?”  Muchas veces lo más importante para tu hijo es tener claro que vas a estar ahí, pase lo que pase. Que la apoyas, que puede contar contigo.

Tómatelo con calma y tómate en serio las emociones de tu hijo. Si la situación te supera y necesitas más herramientas pide ayuda externa. Visita el colegio para saber qué está pasando así como para que el colegio vea que tu hijo no está desprotegido, pide ayuda psicológica y si no te gusta pide otra (no siempre encontramos la psicóloga que encaje con nosotros a la primera). No te rindas. Tu hijo es tu mejor cosecha. Cuídala como se merece.

Y recuerda: los niños no son manipuladores por naturaleza como algunos insisten. Lo niños sienten, como los adultos o más intensamente si cabe, y como los adultos tienen el derecho a sentir lo que sienten. Nosotros como padres el deber de ayudarle a manejar sus emociones, a modificar el entorno para que les sea más propicio, a ponerles los andamios necesarios para que suban a la cima de sus vidas.

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Ángeles Romano Díaz